Lunes 24 de Junio

Binge Eating y Vomiting

Otros trastornos de la conducta alimenticia

Por: MSc. Hazel Gutiérrez, Terapeuta de Familia

Los trastornos alimenticios son enfermedades crónicas y progresivas que se manifiestan a través de la conducta alimentaria, sin embargo detrás de ésta hay una gama muy compleja de síntomas. Por lo general, las personas que sufren de trastornos alimenticios tienen una alteración o distorsión de la auto-imagen corporal, mucho temor a subir de peso y se ven influenciadas por la publicidad.

En  el año 1993, el Centro de Terapia Estratégica de Arezzo inicia la investigación-intervención sobre los trastornos alimentarios y se descubren estos dos nuevos trastornos.

Binge Eating

También conocido como Trastorno del Atracón. Es un trastorno alimentario compulsivo que tiene la particularidad de ser una evolución de la bulimia, aunque poco difundido comparado con las otras tipologías. Su característica principal es alternar grandes períodos de abstinencia de la comida con  períodos más o menos largos donde se intensifica la infracción y la persona se abandona completamente al placer que producen los atracones. Así, conforman un ciclo en que luego del atracón vomitan para volver a otro largo período punitivo de ayuno; todo ello en un tiempo limitado.

Tratamiento

El tratamiento se basa en desbloquear los síntomas a partir de la reestructuración del miedo al ayuno, en la cual, opuesto a la creencia que “entre más ayune, más adelgaza”,  no se están tomando las consecuencias que ello produce. La abstinencia y el ayuno se convierten en la mejor forma de preparar los atracones, de manera que a cualquier persona le será muy difícil dejar de comer para luego arruinarlo todo de una sola vez. En este caso, ayunar es peligroso ya que es la puerta a otro atracón, y si se ayuna por un tiempo y luego viene el atracón se asimila aún más y no se adelgaza.

El objetivo es provocar el miedo al ayuno pues el atracón que sigue hará engordar más. De esta manera, lo que conducía a las pacientes a un comportamiento patológico (el atracón), ahora, al reestructurarse, es lo que las llevará hacia un comportamiento saludable: alimentarse para no caer en el atracón.

Vomiting

El vomiting tiene como fuente la bulimia o la anorexia, aunque deja de ser una expresión sintomática de ambos para convertirse en un verdadero síndrome. Las personas que sufren de este trastorno desarrollan un impulso irreprimible de comer para vomitar y no sólo darse un atracón para luego vomitar.

La intervención terapéutica es diferente a los otros trastornos y difiere según la variante considerada, aunque en todos los casos la prioridad es trabajarlo bajo el modelo mixto (individual/familiar), ya que existen múltiples soluciones ensayadas que han permitido que el problema permanezca. (Nardone, 2002)

Modelo sistemático

A lo largo de la historia de la psicología han surgido diversidad de modelos dentro de los cuales ha habido un común denominador: la demanda de las personas hacia el psicólogo está dirigida a tener una mejor vida, que ofrezca más satisfacciones. Aquí surge la propuesta de la perspectiva sistémica, la cual señala que las dificultades observadas en una persona no pueden son atribuidas a escala individual, sino que deben ser analizadas, evaluadas y rehabilitadas, teniendo en cuenta a las demás personas con las que convive o interactúa el paciente. Es decir, se trata de concebir al comportamiento como el resultado complejo y múltiple de las relaciones e interacciones con los demás. Por lo tanto, el  sistema familiar es más que la suma de sus partes individuales, y la familia será afectada por cada unidad del sistema o viceversa.

El modelo sistémico es el que ha obtenido los mejores resultados en los TCA, drogodependencias y conductas infantiles disfuncionales. El trabajo en los TCA se dirige hacia la observación de las respuestas de la familia a las intervenciones terapéuticas, para luego, de manera circular, revisar las formulaciones iniciales y los subsecuentes pasos terapéuticos. Esta interacción entre terapeuta y familia, en donde se da protagonismo al psicólogo y a la familia y paciente, abre una creatividad mayor con respecto a la participación de ambos. El paciente junto con la familia pasan a ser constructores de cambios y se convierten en el foco del diagnóstico, y a su vez, en el mismo cambio.

En este sentido, el cambio más importante en el que se enfoca el proceso consiste en interrumpir el círculo vicioso que se ha creado entre las soluciones ensayadas (por parte de la familia) y la persistencia del problema. El propósito es alentar cambios en la forma en que las personas han construido realidades privadas disfuncionales. Es decir, para resolver el problema hay que entender “cómo funciona la forma en que el paciente percibe y reacciona” respecto a la realidad y en la situación actual, en vez de remontarse a las causas pasadas que los han producido. Se buscará entender “cómo funciona” el problema y no “por qué”.

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