Lunes 24 de Junio

Desarrollo de un Bebé Prematuro

La atención oportuna del bebé pretérmino

Por: Licda. Irene Berzosa, Fisioterapeuta Especialista en Atención Temprana
MSc. Daniela Fernández, Educadora Especialista en Atención Temprana

La duración del embarazo se considera normal cuando el parto se produce entre las semanas 37 y 42 de gestación y se denomina “parto a término”. Cuando el niño nace antes de las 37 semanas de gestación, se le llama “pretérmino o prematuro”.

El niño en desarrollo es un ser único que tiene características físicas, psicológicas y sociales propias. Desde la concepción existen muchos factores que pueden influir de una manera u otra en su vida, según las condiciones en las que suceden y las características individuales. Así, la prematuridad, sin complicaciones asociadas, no es una causa directa de problemas en el desarrollo del niño ni tiene efectos relevantes sobre éste. Por lo tanto, se puede seguir una trayectoria similar al del niño nacido a término, tomando en cuenta las posibles diferencias debidas a su edad gestacional. Durante los primeros meses de vida del bebé pretérmino, las diferencias son mayores y van disminuyendo conforme el niño va creciendo, hasta que alcanzan los dos o tres años de edad. Por esta razón, es importante utilizar la edad corregida del bebé para controlar su desarrollo. Por edad corregida se entiende aquella que el niño tendría si hubiera nacido en la fecha inicialmente prevista.

En otros casos las variables provocan que estos niños prematuros necesiten de una evaluación más rigurosa para evitar que esa condición de haber nacido “antes de tiempo” afecte lo menos posible.  Se debe considerar al niño de manera integral para actuar sobre sus necesidades adecuadamente e influir positivamente sobre su desarrollo. Las visitas que se realizan periódicamente al pediatra en donde se analiza la evolución del niño, sus cambios y conductas, resultan de gran importancia para detectar cualquier desvío en el curso regular del niño. Es importante tener en cuenta que el desarrollo general de un niño está documentado en “escalas normalizadas del desarrollo”. Sin embargo, cada niño tiene su propio ritmo de crecimiento y desarrollo, por lo que dichas escalas sirven como referencia pero no como regla.

En muchos casos son los padres o cuidadores del pequeño quienes al observarlo diariamente y compararlo con sus iguales resultan ser piezas claves en la detección de cambios en el curso del desarrollo; por ejemplo irritabilidad, alteraciones en el tono muscular, persistencia de reflejos primitivos o la presencia de reacciones posturales no habituales para su edad. Si se observan dichas conductas, es necesario acudir a un profesional con el fin de realizar un diagnóstico precoz que permita actuar oportunamente de manera global sobre el desarrollo del niño.

¿Cómo debe ser la intervención?

La principal manera de intervenir oportunamente ante la prematuridad es la prevención. Esto se logra mediante un seguimiento integral y coordinado por parte del equipo médico que permita la identificación precoz y el tratamiento adecuado de cualquier problema que el niño presente. Además, se le brinda apoyo y orientación a la familia, así como acceso a los programas de Atención Temprana cuando sea necesario.

Estos programas pretenden abordar al niño y a su familia de manera global, tomando en cuenta todas sus áreas de desarrollo y diseñando un programa individualizado de actuación con el fin de potenciar al máximo sus capacidades. Se ha demostrado que los bebés prematuros se benefician enormemente con este tipo de programas ya que al actuar de manera temprana se optimiza el curso de su desarrollo.

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