Jueves 22 de Agosto

Mi Primera Maratón

Una historia real

Por: Viviana Calderón M.
Editado por: ContigoSalud

En el mes de Abril de este  año tomé una de las decisiones más difíciles de mi año en atletismo y fue… inscribirme para correr una maratón completa: ¡42 kilómetros! Esta fue “La Marine Corps Marathon” en Washington DC.

Bajo la “complicidad” de mi cuñada, quien también se animó antes que yo, hice clic en la hoja de registro y ahí estaba en pantalla de la computadora: la confirmación de que en octubre del 2010 estaría corriendo mi primera maratón.

“¿Qué estoy haciendo?, me preguntaba con una gran sonrisa en mi rostro, pues aún no realizaba lo que acaba de hacer y estaba muy cerca de llevarlo a cabo.

Los meses de preparación tuvieron contratiempos. En mayo tuve que salir del país por mes y medio, lo cual atrasó el entrenamiento. Pero de regreso a Costa Rica le “puse bonito”. Tenía solo 3 meses para perder los 5 kilos de más que se vinieron conmigo del viaje y trabajar mi respiración, ya que vine sin aire del viaje. Pero mi sueño y mi objetivo eran superiores, por lo que entrené intensamente con el único objetivo en mente: ¡Cruzar la meta!

La determinación, disciplina, perseverancia y el compañerismo tomaron un papel protagónico en todo este proceso. Y ni que decir el apoyo incondicional de mi esposo y mi familia, el cual es fundamental para resistir la carga, los dolores, el cansancio, de lo que se venía.

Llego el 31 de octubre

¡Llegó el día! El momento de la verdad. Siempre me prometí que esta carrera la iba a disfrutar de principio a fin, sin presionarme en hacer un tiempo determinado, admirar el paisaje de esa hermosa ciudad, vivir el momento al máximo, y llegar hasta el final, pasara lo que pasara. ¡Y así lo hice!

En la línea de salida lloré de la emoción de ver esa cantidad de gente y de realizar que ese día había llegado. Éramos 35 mil personas corriendo esta maratón, una carrera con un gran significado pues se dedica a los marines, los grandes héroes.

Una vez que nos despedimos de nuestros seres queridos, hicimos una pequeña oración (mi cuñada, una amiga y yo); nos abrazamos y nos deseamos lo mejor. Cuando PUUUM, sonó el cañón, señal de que comenzó la maratón.  Hasta 15 minutos después pasamos por la línea de salida, pues era demasiada la gente participando. Kilómetro que pasaba, kilómetro que me repetía mil veces lo agradecida y afortunada que era por estar experimentando algo tan lindo. Eran miles de personas corriendo, miles de espectadores brindándonos apoyo a cada uno de los corredores; grupos de música cada cierta distancia amenizando el ambiente; los mismos Marines dándonos asistencia, y ni que decir el encanto de la ciudad.

Al pasar por el kilómetro 40, luego de venir controlando unos fuertes cólicos y en plena negociación entre cuerpo y mente, me dije a mi misma: “¡No puede ser, ya voy a llegar¡ ¡Solo me faltan 2 kilómetros!” ¿Y saben que? Sí, llore una vez más…

Cada vez mas cerca, sabía que cerrábamos con una terrible subida. ¿Se imaginan luego de 41,8 kilómetros tener que subir? ¡Pues ahí estaba! Ya no faltaba nada… Subí y subí; luego una curva, a  los 200 metros estaba la meta tan esperada.

La gradería repleta de aficionados dándonos la bienvenida y a la derecha mi esposo, mis cuñados y suegros, gritando eufóricos. Tomé la bandera de mi bella Costa Rica; 4 horas y 50 minutos después, ¡Cruce la meta!

¡Lloré y lloré como una bebé! El arduo trabajo de tantos meses, días y  horas, bajo la tutela de un gran entrenador como Andrés Alfaro, se fueron volando y se resumieron en Washington DC. El apoyo de mis compañeras “Las Lagartrotters”,  el trabajo en equipo, mi compañera de “sufrimiento” y quien me convenció de hacer esta fabulosa travesía (mi cunada Mariola), y el amor y la credibilidad hacia mí, de mi esposo Juan, fueron factores esenciales para lograr hacer esta “locura” de 42 kilómetros…

Y  lo que son las cosas, hace un tiempo para acá, afirmaba que mis carreras eran de 10 kilómetros máximo … Hoy ya puedo presumir de que soy una verdadera maratonista. Se sufre, ¡pero que rico se siente!

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