Martes 12 de Diciembre

Mujeres Madres y Trabajadoras

¿Impacta este doble rol en sus bebés?

Por: MPsc. Maricruz Coto, Psicóloga Especialista en Familia y Pareja

El avance de la igualdad de género ha logrado romper muchos mitos respecto a los roles desempeñados por la mujer y el hombre.  Hoy en día, sin embargo, muchas mujeres madres viven con culpa el tener un trabajo fuera del hogar, especialmente si sus hijos son pequeños.  

Estas mujeres se cuestionan con zozobra, si hacen lo correcto;  temen el día en que deben “abandonar” a su bebé para regresar al trabajo y se preguntan si esto traerá consecuencias graves para sus hijos. Se debaten entre la necesidad de estar con ellos, y el deseo de superarse laboralmente, o bien la necesidad económica que obliga.  La culpa aparece desde muchas aristas: la familia extensa, la pareja, ellas mismas, otras mujeres que deciden quedarse en casa con los niños, y algunas reacciones de sus propios niños. 

Lo cierto es que el tema está permeado de mitos que nublan una adecuada toma de decisiones, por lo que resulta importante aclarar algunos puntos:

  • Una madre (o un padre) que trabaja fuera del hogar, no abandona a sus hijos.  El concepto de abandono implica mucho más que permanecer fuera de casa unas horas para ir al trabajo, y se relaciona particularmente con ausencia emocional y no solo física.

  • Hay edades de los hijos que requieren un nivel diferente de presencia por parte de los padres.  En algunas etapas específicas, adquirir independencia es lo que corresponde, y esto, sin implicar ausencia de los progenitores, sí requiere un modo distinto de relacionarse.   Evidentemente, un recién nacido ocupa más la cercanía física de su madre que un niño gateador, y un “toddler” requiere una supervisión diferente a la de un niño en edad escolar.

  • La ausencia de la madre (o el padre), no es lo que necesariamente genera estrés o secuelas en los bebés, sino el hecho de sentirse desamparados o desprotegidos, esto es, de no sentir la presencia de un adulto responsable que esté atento de su estado emocional y sus necesidades.  Es el caso de los hijos de muchos padres, que desde muy temprana edad de sus bebés, deben dejarlos con abuelas, tías, hermanos mayores o en guarderías para ir a trabajar.   

  • En consonacia con el punto anterior, los niños pueden desarrollarse bien a nivel emocional, si cuentan con una figura que cumpla el rol de velar por su bienestar, responder a sus necesidades y estar presente.  La realidad es que en la mayoría de las familias, no es solo una persona la que interactúa con el niño el 100% del tiempo. 

  • Esto no resta importancia a la figura de los progenitores, y es claro que si ellos han desarrollado un buen vínculo con sus hijos, son las personas por excelencia para hacer sentir al bebé seguro y protegido.  Sin embargo tampoco excluye que otras personas puedan desarrollar relaciones muy cercanas y saludables a nivel emocional con el bebé y esto definitivamente contribuye a un adecuado desarrollo.

  • La calidad de la relación es más importante que la cantidad de tiempo.  Un ejemplo simple y cotidiano, donde la tecnología se interpone: el adulto a cargo del niño pasa más tiempo revisando su teléfono que compartiendo con el menor.  La presencia física por sí sola no es suficiente, la cercanía emocional es el elemento de mayor impacto en el desarrollo de los niños.

  • La salud mental de los padres y cuidadores influye directamente en la salud mental de los niños y en la calidad de la relación.   Si el trabajo, o cualquier otra obligación, se vive de forma negativa y se aceptan los prejuicios “no soy buena madre por irme a trabajar”, “los estoy abandonando”, etc., el doble rol madre/trabajadora se vivirá con culpa, y los niños terminarán pagando una factura que no les corresponde.

En la experiencia clínica, quienes han tenido madres/trabajadoras, con un vínculo de calidad y cercanía emocional, lejos de reportar reproches por el trabajo de sus madres, destacan el gran ejemplo que vieron en estas mujeres emprendedoras, y que por supuesto, no se limita únicamente a las madres con un trabajo fuera del hogar.

El punto exacto para definir qué es lo correcto no existe; depende de la dinámica familiar, de la historia de vida de los padres y de sus deseos y formas de pensar sobre la maternidad y la paternidad. 

El arte de ser madre (y padre), implica aprender cuando estar presente y cuando distanciarse lo suficiente para permitir el desarrollo de la autonomía y la independencia.  Y es a la vez, trabajo de cada pareja y cada progenitor, el lograr equilibrar metas, sueños y deseos, tanto familiares como personales.

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