Lunes 24 de Junio

Relación con Adolescentes: Retos y Aprendizajes

Por: MSc. Dyalá Castro, Psicóloga Clínica

Los adolescentes viven hoy en día aquel proceso que fue atravesado por todos nosotros, años en los cuales se rompen paradigmas, se caen ideales, se fortalece el pensamiento crítico y se busca la perseguida independencia.

La adolescencia es una época que se extiende de los 10 años hasta los 20 inclusive (lo que marca el fin de la niñez y el inicio de la adultez), y se caracteriza por fuertes cambios físicos, emocionales y cognitivos. Para muchos padres es muy difícil, más que otras épocas en las vidas de sus hijos.

Romper mitos

Para consolidar una relación constructiva con los adolescentes es necesario comprender esta época de una manera realista. Es importante dejar de lado creencias sobre los adolescentes que en realidad lo que hacen es crear miedo y rechazo hacia los jóvenes.

Algunos de estos mitos son:

  • Los adolescentes no son personas irracionales, no piensan
  • Los jóvenes no tienen valores, es una generación perdida, con ellos no se puede
  • La adolescencia es un periodo de sufrimiento para los padres
  • La sexualidad de los adolescentes es desenfrenada
  • Todos los jóvenes son rebeldes y caprichosos

¿Qué es necesario comprender entonces?

La adolescencia tiene una función primordial en la vida de todas las generaciones: “separarse e independizarse de los padres para crear creencias y valores propios”. Esto definitivamente se va a ver influido de forma directa por todo aquello que haya sembrado la familia en la persona.

Debido a esto, los cambios de conducta son totalmente esperables y es precisamente aquello que en muchas ocasiones crea confusión, temor y molestia en los padres.

Algunas de las conductas que son consideradas totalmente normales - por su transitoriedad - en los jóvenes son:

  • Comportarse en ocasiones como niños y pedir privilegios de adultos
  • Mostrar conductas contradictorias
  • Cuestionar las normas de la casa y de otros lugares como los centros educativos
  • Parece que ya no necesitan a sus padres
  • Mencionan que no le entienden
  • Prefieren estar con sus amigos que con su familia
  • Tienden a pensar que todo lo pueden hacer y que nada les va a suceder (omnipotencia)

Si logramos observarlos de otra manera podemos valorar que son sumamente apasionados, son críticos, hay que brindarles explicaciones convincentes, viven sus emociones de forma intensa, están mejorando su forma de relacionarse con los demás, es decir, están en su proceso de crecimiento.

Sin embargo, existen otras características que deben alarmarnos y que requieren la búsqueda de orientación profesional, dentro de éstas se encuentra: conductas de alto riesgo, autoagresiones, ideas e intentos de suicidio, carencia de autocuidado, uso de drogas y violencia, conductas de aislamiento extremo, no cumplir ninguna de las normas del hogar, fugarse repetitivamente del colegio, irritabilidad permanente, entre otras.

Precisamente, debido a los mitos que se manejan acerca de la población adolescente, es que muchas de sus conductas de alerta no son visibilizadas, ya que, al considerarlos una generación difícil y rebelde, se consideran que muchas de las conductas anteriores solo “son parte de la etapa”. Es importante que la búsqueda de ayuda profesional puede evitar que se esté dejando pasar de lado algún trastorno o situación de riesgo a la que podría estar expuesto el joven.

¿Cómo relacionarnos con nuestros adolescentes?

En primer lugar, es importante que los padres desempeñen el rol que les corresponde: el ser autoridad firme, cercana y afectiva. Los progenitores son guías de sus hijos, no sus amigos. Puede existir una relación amistosa, pero la orientación nunca debe ser dejada de lado.

Es vital que los progenitores escuchen de manera activa a sus hijos: oigan todo lo que ellos tienen que decir, trate de no hacer juicios de valor, mírelos y valore lo que están diciendo con su cuerpo. En esta etapa es importante negociar, llegar a acuerdos, orientar más que sancionar y regañar.

Comience por lo positivo: mencione a su hijo aquello que le admira de su personalidad, refuerce toda conducta positiva (todo esfuerzo e intento de hacer las cosas bien) que éste haga, felicite por las actitudes positivas y dígale constantemente qué se espera de él.

Equilibrio entre firmeza y flexibilidad: quizá los jóvenes actualmente solicitan permisos que en nuestra época no eran imaginables. Es importante valorar con tranquilidad aquellas solicitudes que hace el joven e ir brindando ciertos permisos siempre que la persona menor de edad asuma un compromiso de respeto a las reglas que se brindan desde el hogar. Es importante dialogar constantemente y escuchar por qué es importante para ellos esa actividad para la cual solicitan permiso.

Escriba un contrato: Redacte un contrato escrito con el adolescente donde exista claridad en sus responsabilidad y los privilegios, así como las actitudes que se solicita desempeñe en el hogar y otros contextos. Definan las consecuencias positivas y negativas por el cumplimiento o incumplimiento del contrato. Sea firme a la hora de que se tenga que asumir alguna consecuencia por aquello que no fue realizado.

Fortalezca el autoestima del joven: Mencione a su hijo sus destrezas, habilidades, valores, áreas fuertes y además conversen sobre aquello en lo que es más débil. Una autoestima conoce las potencialidades pero reconoce las dificultades y errores para trabajar sobre ellos.

Tome su tiempo: Si lo que plantea el adolescente es difícil para usted, tómese su espacio para pensarlo y consultarlo, este es su derecho y probablemente su reacción emocional se encontrará más controlada, lo que le permitirá tomar mejores decisiones.

Recuerde los valores: enseñe mucho sobre cómo las conductas reflejan los valores que han sido inculcados en la familia, convérselo abiertamente con el adolescente. Mencione el por qué usted considera que algunas situaciones son convenientes y otras no, sea un modelo de lo que pide y enseña.

Disfrútelo: hace poco ese niño era dulce, obediente y cercano… es necesario aceptar que su hijo está creciendo rápidamente. Recuerde su propia adolescencia y tenga empatía por su hijo, trate de disfrutar al máximo este tiempo y todos los logros que puede tener el joven, acompáñelo en este proceso, aunque no parezca ellos desean la cercanía de sus progenitores. Comparta con el joven en actividades que ambos disfruten, pase todo el tiempo que pueda con su hijo.

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