Por: MPsc. Stephanie Pirie, Psicóloga Clínica y de la Salud
El Trastorno Obsesivo Compulsivo o TOC ha constituido como un autentico reto para todos aquellos que han intentado descubrir sus causas, o que han abordado la evaluación y tratamientos de las personas que lo padecen. La aplicación de las técnicas de exposición y prevención de respuesta que proporciona la terapia cognitivo conductual, junto con la aplicación de fármacos efectivos y las técnicas cognitivas han logrado éxitos terapéuticos importantes. Todo esto ha contribuido a considerar el TOC como una enfermedad crónica e incurable.
El TOC presenta las siguientes características, según el American Psychiatric Association:
El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) hasta hace poco se consideraba una condición relativamente rara. Sin embargo, en los últimos años los estudios epidemiológicos han mostrado que la prevalencia vital del TOC es del 1,9% al 2,5% de la población. En otras palabras, 1 de cada 40 o 50 personas puede verse afectada, siendo el cuarto trastorno psicopatológico más fuerte tras las fobias, el abuso de sustancias y la depresión mayor. La proporción de hombres y mujeres es casi igual, algo más de la mitad son mujeres. La edad de comienzo puede ir desde la infancia a los cuarenta años. La mayor frecuencia de inicio va de la primera adolescencia a los veintiún años.
En el TOC hay una limitada contribución hereditaria, ya que la mayor parte de la familia nuclear parece cumplir con los rasgos. Por este motivo, si alguno de los padres padece el TOC, se da un ligero riesgo de que un hijo suyo lo presente también. Con mucha frecuencia las personas con el TOC presentan más de un tipo de obsesión y compulsión. Los pacientes informan que el 90% de las compulsiones las hacen en respuesta a las obsesiones y solo el 10% se perciben sin relación a la obsesión. El 98% de las personas con TOC manifiestan tanto obsesiones como rituales, conductuales o mentales.
Algunas de estas son:
Las personas que padecen este trastorno tienen síntomas de depresión, ansiedad generalizada, fobias, ataques de pánico, trastornos de alimentación como la bulimia y la anorexia nerviosos, entre otros. Estos sujetos están casi seguros que sus obsesiones sucederán.
Para su tratamiento, la recomendación es recibir tratamiento farmacológico asistido por un psiquiatra y terapia cognitivo conductual por un psicólogo experto en el área. Cuando hablamos de terapia cognitivo conductual, hablamos en una intervención directa en modificar los pensamientos obsesivos que disparan las compulsiones o las conductas des adaptativas. Dentro del tratamiento, el terapeuta le va dar técnicas para el manejo de las obsesiones y la modificación de la conducta, disminuyendo la ansiedad.
El programa de intervención consiste en la exposición a los estímulos internos que provocan las obsesiones de forma prolongada y se bloquean los rituales. Para modificar las conductas se ponen en práctica técnicas de exposición y prevención de respuesta. La primera consta en exponer al paciente, mediante aproximaciones sucesivas a los escenarios que teme, para que la misma experiencia le sea un indicador que no pasó en la realidad la tragedia que tanto se imaginaba o pensaba que iba suceder. Los contenidos de las sesiones de exposición se discuten con el paciente por adelantado, haciendo énfasis que no habrá sorpresas, se puede hacer exposición en vivo, exposición imaginaria, etc. La prevención de respuesta es un procedimiento empleado para bloquear los rituales, se trata que el paciente deje de hacer cualquier actividad ritualista. Otras técnicas conocidas son las tareas para la casa, el entrenamiento en habituación, la detención de pensamiento. Estas técnicas conductuales se llevan a cabo acompañado de terapia cognitiva, que básicamente enseña al sujeto a identificar sus obsesiones, pensamientos irracionales que disparan emociones des adaptativas que el sujeto vive como ciertas, disparando un gran sentimiento de responsabilidad y perfeccionismo sobre elevado. Sin el trabajo en estos pensamientos, la exposición se hace difícil, ya que el sujeto realmente cree que todo eso negativo que piensa le va suceder. Es vital buscar la evidencia, y entrenar al paciente en sustituir los pensamientos irracionales por otros más racionales.
La terapia cognitivo conductual ha hecho que los sujetos que padecen este trastorno puedan modificar sus pensamientos y conductas, viviendo una vida con menos ansiedad. Si usted lo padece, no tarde en buscar ayuda con un profesional en el área de la psicología cognitivo conductual.
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